miércoles, junio 15, 2011

FEDERICO GARCÍA LORCA EN CEUTA


Cuando tengo la oportunidad de explicarles a mis alumnos la Generación del 27, me gusta presentar a un Lorca, humanizado, con sus penas y con sus glorias, como cualquier persona, alejándolo de esa mitificación que se termina haciendo del que muere. Les cuento que son muchas las características que presenta un autor como Federico, pero que ni lo rural, ni su particular cosmovisión, ni tan siquiera su condición sexual, son elementos claves. Si hay un concepto que pueda definir a este autor, ese es el desamor. El desamor es un estado que sólo puede sentir aquel que ha amado, y Lorca tuvo la suerte de haber amado con intensidad, pero la desgracia de no ser correspondido como a él le hubiera gustado. De esto nace una relación primordial con la temática de su obra, que gira siempre en torno a la frustración amorosa en sus distintas variantes: poemas afectados por el desconsuelo más hondo, teatro sumido en múltiples sinsabores y tragedias, en relación con aquellas griegas, cuyos personajes se ven arrastrados por acciones irracionales. Decía Juan Ramón Jiménez que, Federico García Lorca es poeta para todos, tiene eso que llega a todos sin necesidad de ser discernido, una emoción confusa, un movimiento que palpita y hace palpitar.
Su corazón no era ciertamente alegre. Era capaz de toda la alegría del universo; pero su sima profunda, como la de todo gran poeta, no era la de la alegría. Quienes le vieron pasar por la vida como un ave llena de colorido, no le conocieron. Su corazón era como pocos, apasionado, y con una capacidad de amar y de sufrir que ennoblecía cada día más aquella frente. Amó mucho, cualidad que algunos superficiales le negaron. Y sufrió por amor, lo que probablemente nadie supo. Uno de sus amores, tal vez el que más influyó en la evolución de su obra, fue Salvador Dalí, Lorca estaba enamorado de él, hasta la desesperación, pero no fue una pasión, si tolerada y hasta estimulada por Dalí, pero no plenamente correspondida. Dalí, hondamente preocupado por la posibilidad de ser él mismo homosexual, parece haber resistido tenazmente la pretensión del poeta de poseerlo físicamente. Escribió Federico en El Público, una tragedia hiperrealista de su etapa más vanguardista, El ano es el castigo del hombre. El ano es el fracaso del hombre, es su vergüenza y su muerte. De forma extrema se interpreta que Lorca consideraba la parte física del amor como el impedimento por el que los hombres no alcanzaran la perfección ansiada. Cuenta Dalí que en aquel verano donde recorrió Cadaqués junto a su íntimo amigo, este intentó penetrarlo en diferentes ocasiones, pero el pintor surrealista se negó, aunque cedió al juego de mandarle estampas de santos con flechas que se introducían por las cavidades de su cuerpo. Al final de su vida, dijo Dalí que fue un amor erótico y trágico, por el hecho de no poderlo compartir.

 Después la amistad de ambos artistas quedó rota, y encima el granadino tuvo que soportar la burla, de un Dalí en colaboración con Buñuel, de la creación cinematográfica de Un Perro Andaluz. Por influencia de este desamor Federico García Lorca, nos regaló Poeta en Nueva York, poemario surrealista que muchos críticos literarios consideran una de las mejores obras del poeta y dramaturgo. Esta tarde se podrá disfrutar de una lectura de sus poemas con motivo del 75 aniversario de su muerte, organizada por la Biblioteca pública en las Murallas Reales a las 19:30. Su  obra nunca defrauda, y menos si resuena en un paraje tan maravilloso como las Murallas de Ceuta, tampoco lo hace su vida, y aunque yo no soy muy partidario de conocer la vida de aquellos autores que leo, es tal mi admiración por Lorca que siempre necesito más.

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